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GLADIATOR
« El lugar es pequeño. El gesto es grandioso.»
— Andros Dresamore i

Nota crítica
por André de Sá Moreira
Andros Dresamore i, aquí "Máximo", entra en una panadería como si entrara en el Coliseo. Camina lentamente hacia un sencillo frasco de vidrio con unos tallos de trigo decorativo, acariciando las espigas con las yemas de los dedos. La solemne música de Gladiador llena el espacio, transformando este gesto inocuo en un ritual heroico. El trigo se convierte en un recuerdo, un campo en miniatura, una absurda promesa de grandeza antes de la batalla. Ya no es un frasco en una panadería: es un vestigio de una epopeya, desplazado en la cotidianidad más banal. El artista no imita a Máximo, se convierte en él. Es un gladiador que va a comprar su pan y se enfrenta al panadero temido en todo el barrio.
Es un teatro antiguo condensado en unos pocos segundos de pura gracia. Es un momento de pura intensidad, donde lo cotidiano se vuelve sublime.
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